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12

Ago, 2017

Cultura de PRL y género ¿Hay diferencias?

#PRL #CulturaPreventiva #Género #Trabajadores #Riesgos #Prevención



Durante una formación de espacios confinados un alumno mío soltó una frase que me derivó en una reflexión más amplia: “Anda que no he dicho veces: pues yo me atrevo, o no hay huevos. La valentía y el orgullo nos puede mucho a veces a los tíos”. ¿Realmente los hombres tienen una cultura de mayor asunción de riesgos frente a la mujer?

Esta cita nos sirve como ejemplo de cultura de prevención en sentido social, que como bien hemos mencionado en otras publicaciones, está ligado al plano laboral. Este chico nos está mostrando un mensaje interesante y digno de pequeño análisis. Por un lado, que existe una cultura de la valentía o la hombría que implica por defecto la asunción de riesgos para reforzar la figura de hombre. Este hecho, que afecta directamente a temáticas de género es visible no solo en el discurso y podemos reforzarlo con datos cuantitativos. Según el portal web Statista, tomando como referencia los meses de enero y marzo de 2016 se registraron los siguientes datos de accidentes mortales por género: 100 y 90 para hombres, 10 y 11 para mujeres en 2015 y 2016 respectivamente. 

En calidad de seguridad vial, los estudios demuestran que los hombres tienen mayores porcentajes de siniestralidad y accidentabilidad respecto a las mujeres. Las estadísticas de la Dirección General de Tráfico demuestran, de hecho, que los hombres sufren más accidentes que las mujeres. Según el último informe sobre siniestralidad, en 2013 fallecieron en España 1.281 hombres y 392 mujeres, de forma que el 76% de los fallecidos fueron hombres y el 23% mujeres. El índice de letalidad de los hombres es 1,7, el doble que el de las mujeres. Respecto de los heridos graves, el 70% fueron hombres.

Aunque a priori pueda parecer compleja, podemos dar una explicación de corte sociológica al hecho de que los hombres experimenten mayor riesgo y accidentabilidad laboral que las mujeres. La clave de la cuestión radica en el proceso de socialización que recibimos tanto hombres y mujeres, especialmente aquella parte que denominamos socialización primaria que configura la base de la personalidad y la conducta de los niños y niñas junto con otras variables. Parsons define socialización como el proceso mediante el cual los niños adquieren las creencias, valores y comportamientos considerados significativos y apropiados por los miembros mayores de su sociedad. A juicio de Parsons, presta un triple servicio: Medio para regular el comportamiento de los niños, estimula el crecimiento personal del individuo.  Y perpetuar el orden social.

No obstante, la familia no es la única institución que interviene en la socialización de los niños, sino que este aprendizaje viene a estar completado por otras instituciones. El proceso de socialización es la interiorización de la estructura social, pero es muy amplio, se entiende en primer lugar como algo que hay fuera del individuo y se interioriza, que empieza a formar parte de él. Lo primero que se interioriza es el lenguaje, tanto verbal como no verbal, a medida que se crece se interiorizan normas. Es un movimiento topológico, de traslación, de fuera a dentro. Dependiendo de nuestro sexo tenemos que aprender determinadas normas, rasgos y más. Aprendemos nuestra función social, costumbres, valores, sentimientos, desarrollar sentimientos, desarrollar una identidad social que como hemos visto, es una teoría sobre nosotros y nosotras mismas, es decir, una cuestión más compleja que aprender costumbres y valores.

Una vez explicada, de forma breve, la raíz de la cuestión sobre la socialización, cabe hablar de sus efectos en nuestro ámbito de manera simplificada. En la sociedad patriarcal y machista que hemos vivido en España y otros países durante siglos. La idea estereotipada de género ha dado lugar a la vinculación de un sexo masculino propenso a tomar riesgos. Esta causa deriva en el supuesto mantenimiento de un estatus social que le hacen derivar en este tipo de comportamientos (Protector de la familia, figura que representa la fuerza o los valores de masculinidad, competidor, sustentador económico de la familia a cualquier coste…). Todo esto tiene como consecuencia dos cosas esenciales para el ámbito de la PRL: que por socialización el hombre ha sido aprendido a asumir riesgos y que por cultura también han recaído en él trabajos de elevado riesgo. 

Por el contrario, el sexo femenino se ha educado y vinculado con una mayor vinculación por los cuidados, la preocupación de la familia y sus cercanos. Una clave está en su condición biológica de ser madre y el mantenimiento de la descendencia. Por otra tenemos el papel que la sociedad le ha otorgado a la condición de la maternidad. Esta cuestión ha evolucionado con el tiempo y ha permitido a la mujer, entre otras cosas, abrirse e ir igualándose poco a poco al hombre en el mercado laboral. Sin embargo, sigue teniendo efectos en el mercado de trabajo y en la estructura social, dando lugar por un lado a conductas más seguras a este sexo y por otro a empleos de un riesgo menor (Especialmente durante la entrada histórica de la mujer en el mercado de trabajo).


Raul Campos Prado




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