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02
Jun, 2026
La salud mental en el trabajo ha dejado de ser un tema secundario para convertirse en una prioridad global en prevención de riesgos laborales. El último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicado con motivo del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo 2026, pone cifras a una realidad cada vez más preocupante: los riesgos psicosociales ya están provocando más de 840.000 muertes anuales en todo el mundo.
Ansiedad, agotamiento emocional, jornadas interminables, violencia laboral o falta de apoyo organizativo son factores que no solo afectan al bienestar psicológico de las personas trabajadoras. También incrementan el riesgo de enfermedades cardiovasculares, trastornos mentales y pérdida de productividad empresarial.
En un contexto marcado por la digitalización, el teletrabajo, la inteligencia artificial y los cambios constantes en la organización del trabajo, la prevención de los riesgos psicosociales se ha convertido en uno de los mayores desafíos para las empresas y los sistemas de seguridad y salud laboral.
La OIT identifica los riesgos psicológicos y sociales como una amenaza “importante y creciente” para la salud laboral y la sostenibilidad económica mundial.
Las cifras más impactantes del informe reflejan la magnitud del problema:
Lejos de tratarse de situaciones aisladas, el informe evidencia que los riesgos psicosociales están profundamente integrados en muchos modelos organizativos actuales.
Uno de los aspectos más relevantes del informe es la relación directa entre los factores psicosociales y las enfermedades físicas.
La OIT advierte de que buena parte de las muertes relacionadas con estos riesgos se producen por patologías cardiovasculares, especialmente cardiopatías isquémicas y accidentes cerebrovasculares.
El estrés laboral sostenido actúa como un mecanismo de desgaste fisiológico continuo. Cuando las exigencias del trabajo superan de forma prolongada la capacidad de adaptación de la persona trabajadora, aparecen alteraciones psicológicas, conductuales y físicas que pueden cronificarse.
Además de la depresión y la ansiedad, el informe relaciona los entornos laborales desfavorables con:
La salud mental y la salud física ya no pueden analizarse por separado dentro de la prevención laboral.

El informe identifica múltiples factores organizativos capaces de deteriorar el entorno psicosocial de trabajo.
Entre los más relevantes destacan:
La prolongación del tiempo de trabajo continúa siendo uno de los principales factores de riesgo. Las jornadas excesivas aumentan la fatiga, reducen la recuperación física y mental y elevan significativamente el riesgo cardiovascular.
La violencia psicológica aparece como la forma más extendida de acoso en el trabajo. Comentarios humillantes, aislamiento, presión constante o conductas intimidatorias forman parte de una realidad mucho más frecuente de lo que muchas organizaciones reconocen.
La falta de claridad organizativa, la presión constante, los cambios mal gestionados o la ausencia de apoyo generan entornos altamente estresantes y emocionalmente inestables.
La inteligencia artificial, la hiperconectividad, el trabajo híbrido o las plataformas digitales están modificando profundamente la relación entre las personas y el trabajo.
Aunque estos cambios ofrecen oportunidades, también pueden aumentar el aislamiento, la vigilancia excesiva, la incertidumbre laboral o la sensación de disponibilidad permanente.
La OIT define el entorno psicológico y social como el conjunto de condiciones organizativas, relacionales y de gestión que influyen en la experiencia laboral de las personas trabajadoras.
Este entorno incluye:
Cuando estos elementos están bien gestionados, favorecen la motivación, el bienestar y la productividad. Cuando fallan, se convierten en factores de riesgo psicosocial.
Uno de los mensajes más contundentes del informe es que las soluciones no pueden centrarse únicamente en la persona trabajadora.
La OIT insiste en que las intervenciones individuales, como talleres de resiliencia o gestión emocional, pueden ser útiles, pero no sustituyen las medidas organizativas.
La prevención real pasa por intervenir sobre las causas estructurales:
Además, el informe recomienda integrar los riesgos psicosociales dentro de los sistemas generales de gestión preventiva y no tratarlos como un elemento aislado.
La OIT reconoce que siguen existiendo importantes limitaciones normativas y culturales.
Aunque cada vez más países incorporan estos riesgos en sus políticas preventivas, todavía existe una falta de visibilidad específica y una importante carencia de datos comparables.
El informe destaca un dato especialmente revelador: solo el 18% de los acuerdos internacionales de diálogo social registrados entre 2000 y 2025 abordan de forma explícita la salud mental o los factores psicosociales.
Esto demuestra que, pese al impacto demostrado, muchas organizaciones continúan abordando estos riesgos de forma reactiva o insuficiente.
La evidencia científica es clara: los riesgos psicosociales no son un problema individual, sino organizativo.
Todo apunta en la misma dirección: los riesgos psicosociales serán una de las piedras angulares de la nueva prevención laboral.
Las empresas ya no solo tendrán que gestionar riesgos físicos. También deberán evaluar cómo la organización del trabajo está afectando a la salud mental, emocional y social de su equipo.
Desde Europreven ayudamos a las organizaciones a identificar, evaluar y gestionar los riesgos psicosociales mediante metodologías específicas y planes de actuación adaptados a cada realidad laboral.
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