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09

Sep, 2016

La vuelta al trabajo ¿Sindrome postvacacional?

vacaciones verano

Además de las poéticas lecturas que se pueden hacer del otoño, como lo de la caída de las hojas y los paseos en pareja debajo de un mismo paraguas, lo cierto es que la nueva estación despide por un año al calor y al tiempo de vacaciones. En otoño los estudiantes estrenan aulas, asignaturas, libros, profesores y la esperanza de no quedar tan mal parados como el curso anterior.

Los que trabajamos, sabemos que también se nos acabaron las jornadas intensivas de verano y las pagas extraordinarias y que hasta la llegada de las luces de Navidad, casi no tendremos excusa para romper la monotonía.

Si somos honestos, tendremos que reconocer que a ninguno nos resulta fácil el comienzo del nuevo curso. Cuando éramos niños, al menos guardábamos la ilusión de volver al colegio para encontrarnos con los compañeros que queríamos tanto. Con los años, ni si quiera eso, porque en la oficina no hay recreos para jugar con nuestros amigos, sino que se vive un tira y afloja que, en el mejor  de los casos, dura ocho horas cada vez mejor exprimidas pero menos valoradas.

Si sentencio que la vida es dura, no descubro nada nuevo. Parece que los buenos momentos, transcurren en un instante, y no parece justo el esfuerzo de once meses para que el disfrute pase tan rápido. Lo mismo ocurre con los fines de semana: desde el lunes ya estamos pensando en los días que nos quedan para volver a hacer lo que de verdad nos apetece, mas luego lo bueno desaparece en un visto y no visto.

Qué limitado nos volvemos cuando nos dominan los pensamientos que acabo de enumerar. Sin embargo, a menudo vivimos con el corazón sólo puesto en el futuro pintarrajeado de colorines, lejos de cualquier obligación. Una vez le pregunté a un gran  empresario como conseguía mantenerse por tantos años en la cresta sin desgastarse, siempre con la misma aparente ilusión. Me contestó que hacía todo lo posible por desligarse de la gente pesimista, aquellos que viven en continuo descontento, seguros de que la vida es dura, que los buenos momentos son siempre pocos y breves y todas esas monsergas que vengo escribiendo. “Ese tipo de personas son capaces de dar volteretas los sábados con tal de pasarlo bien, pero en cuanto llega de nuevo el lunes, recuperan su cara larga y el abrumador saco de pensamientos luctuosos, y acaban por desmotivar a sus compañeros y al mismo equipo”.

Creo que en determinados momentos de la vida es bueno hacer un balance de lo bueno y lo malo, de las metas alcanzadas y de lo que aún nos queda por hacer. Estoy seguro de que cualquier persona, al detenerse en este examen, podría sentirse satisfecha de sus resultados. A lo mejor todavía no ha triunfado en sus sueños profesionales, o no ha viajado a todos los países que merecen la pena ser visitados, o tuvo que renunciar a algún merecido descanso a causa de su familia. Sin embargo, qué grande puede ser la cuenta de sonrisas, de cafés compartidos con las compañeras de despacho, de viernes de cine junto a la persona que quieres, de libros con los que volar a cada uno de esos países sublimados...

Cuando voy al trabajo, para cargar ánimos canto a pleno pulmón por fría que sea la mañana y mucho que desentone mi garganta. Al detenerme en los semáforos, me gusta fijarme en los coches de alrededor y descubrir que hay un hombre, una mujer, que también canta o sonríe mientras escucha la radio.

Pienso que después de disfrutar el verano, se hicieron dueños del otoño.







Francisco Ortiz
Técnico Superior PRL
Coordinador Territorial Zona Centro
Delegación 70503 Alcalá de Henares, Madrid



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