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23
Ene, 2026
El absentismo laboral ha dejado de ser una cuestión operativa vinculada exclusivamente a la gestión de ausencias. En el actual escenario de competitividad, presión de costes y transformación organizativa, se ha convertido en un indicador clave de salud empresarial, de madurez preventiva y de sostenibilidad del modelo productivo.
Cuando las tasas de absentismo se elevan de forma sostenida, no estamos ante un fenómeno aislado. Son la manifestación visible de desequilibrios profundos relacionados con la organización del trabajo, el liderazgo, la gestión de los riesgos laborales y el bienestar de las personas. Ignorarlos implica asumir un impacto directo sobre la productividad, los costes y la estabilidad de los equipos.
La eliminación en 2020 del despido objetivo por faltas de asistencia obligó a las empresas a abandonar enfoques reactivos o sancionadores. Hoy, diferenciar entre absentismo voluntario, justificado y ausencias legalmente excluidas del concepto técnico ya no es un matiz jurídico, sino un requisito estratégico para diseñar políticas eficaces de gestión del capital humano y de prevención.
Una presión estructural que ya impacta en la cuenta de resultados
Los datos disponibles confirman una situación de tensión estructural. El absentismo laboral en España se sitúa en torno al 7 % de las horas pactadas, con 1,56 millones de personas ausentes cada día. De ellas, más del 21 % no cuenta con baja médica, lo que supone más de 330.000 ausencias diarias sin causa clínica acreditada.
Este dato resulta especialmente relevante desde la perspectiva empresarial. No hablamos únicamente de enfermedad, sino de problemas de clima laboral, desmotivación, organización ineficiente y sobrecarga de trabajo, factores que erosionan progresivamente el rendimiento y obligan a muchas empresas a reorganizar turnos, asumir horas extraordinarias o recurrir a contrataciones adicionales.
En este contexto, no son pocas las empresas que se ven obligadas a sobredimensionar deliberadamente sus plantillas como medida preventiva frente a un nivel de absentismo ya asumido como estructural. Esta estrategia, lejos de resolver el problema, incrementa los costes fijos, diluye la productividad y normaliza una situación que debería abordarse desde la prevención y la mejora de las condiciones de trabajo.
El análisis sectorial refuerza esta lectura. La industria presenta las tasas más elevadas de absentismo, con especial incidencia en territorios con fuerte peso industrial. En estos entornos, cada ausencia tiene un impacto amplificado debido a la mayor exigencia física, la exposición a riesgos y la dificultad de sustitución inmediata.
Las causas evolucionan: menos puntualidad, más cronicidad
La etiología del absentismo ha cambiado de forma significativa en los últimos años.
Los trastornos musculoesqueléticos continúan siendo la principal causa de días perdidos, pero la salud mental se ha consolidado como la segunda causa de baja, con un crecimiento sostenido desde la pandemia.
A este escenario se suma el impacto del Long COVID, que en un porcentaje relevante de personas reduce la capacidad funcional y cognitiva durante periodos prolongados. El problema se ve agravado por las listas de espera del sistema público, que cronifican procesos inicialmente leves y alargan innecesariamente las incapacidades temporales.
Desde el punto de vista económico, el absentismo supone casi 29.000 millones de euros anuales, entre prestaciones de la Seguridad Social y costes directos para las empresas. Sin embargo, esta cifra solo refleja la parte visible del problema. La pérdida de productividad, la sobrecarga de los equipos, el deterioro del clima laboral y el aumento del riesgo de errores y accidentes conforman un impacto oculto que compromete seriamente la competitividad empresarial.
De la reacción a la prevención: un cambio imprescindible
La evidencia es clara: las respuestas punitivas no funcionan. Gestionar el absentismo hoy exige un enfoque preventivo, basado en datos y alineado con la estrategia empresarial.
Los modelos más eficaces integran herramientas de análisis, digitalización de la gestión preventiva, liderazgo saludable, programas de bienestar mental y una colaboración ágil con las Mutuas para evitar la cronificación de las bajas. Anticiparse al problema resulta siempre menos costoso que reaccionar cuando el impacto ya se ha consolidado.
En Europreven defendemos una visión clara y realista: la salud laboral es un activo estratégico. Las organizaciones que interpretan el absentismo como una señal temprana y convierten los datos en decisiones preventivas no solo reducen costes, sino que construyen entornos más resilientes, productivos y sostenibles.
Prevenir ya no es cumplir la norma. Es proteger la viabilidad futura de la empresa.
Autor: David Pardo, Técnico Superior de Prevención de Riesgos Laborales de Europreven Valencia
Fuentes
Randstad Research (2025) · AMAT (2024) · Mutua Navarra (2024) · Wolters Kluwer · OECD
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